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Llueve porque a mis elefantes les gusta.
He creado un ejército de elefantes mientras en la escuela se discutía quien era la persona que se sentía tan sola.
Un “me siento abandonada” ha amanecido pintado en el segundo piso de la escuela, la chica que lo haya escrito será expulsada. El mundo está un poco del revés, con las costuras vueltas, digo. Mientras, yo mezclaba azules en el claustro.
Yo tengo un ejército y ella se siente abandonada. Debería ser al revés, siempre ha sido así. Los demás con ejércitos a su alrededor y yo disparando sola a mis enemigos.
Aunque no lo veo injusto del todo. Hoy no.
Llueve porque a mis elefantes les gusta mojarse la trompa en los charcos y verse reflejados.
Me gustaría mandar uno de mis soldados a Madrid. Se pueden doblar. Así que dentro de un sobre cabría. Aún sé la dirección de memoria.
A lo mejor consigue arreglar todo lo que yo no supe.
Sigue lloviendo y pasan ambulancias cada dos minutos. Sus sirenas llenan la calle, las casas, las sábanas y se pierden en la última rotonda, a la derecha. Todo acaba en esa rotonda, a la derecha. Allí está el desagüe.
Llueve porque a mis elefantes les gusta que el desagüe lo trague todo y así poder empezar de cero.
Cero.




