miércoles 14 de mayo de 2008

65


Llueve porque a mis elefantes les gusta.

He creado un ejército de elefantes mientras en la escuela se discutía quien era la persona que se sentía tan sola.

Un “me siento abandonada” ha amanecido pintado en el segundo piso de la escuela, la chica que lo haya escrito será expulsada. El mundo está un poco del revés, con las costuras vueltas, digo. Mientras, yo mezclaba azules en el claustro.

Yo tengo un ejército y ella se siente abandonada. Debería ser al revés, siempre ha sido así. Los demás con ejércitos a su alrededor y yo disparando sola a mis enemigos.

Aunque no lo veo injusto del todo. Hoy no.

Llueve porque a mis elefantes les gusta mojarse la trompa en los charcos y verse reflejados.

Me gustaría mandar uno de mis soldados a Madrid. Se pueden doblar. Así que dentro de un sobre cabría. Aún sé la dirección de memoria.

A lo mejor consigue arreglar todo lo que yo no supe.

Sigue lloviendo y pasan ambulancias cada dos minutos. Sus sirenas llenan la calle, las casas, las sábanas y se pierden en la última rotonda, a la derecha. Todo acaba en esa rotonda, a la derecha. Allí está el desagüe.

Llueve porque a mis elefantes les gusta que el desagüe lo trague todo y así poder empezar de cero.

Cero.



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lunes 12 de mayo de 2008

64

* mihermananecsitbesosyyonoselospuedodar

He bailado tanto que mis piernas han llegado a un estado de ingravidez fascinante. Mañana ya no, mañana volveré a pisar las viejas baldosas de la escuela con fuerza, la recta final, entonces no sirve la ingravidez, sirve la fuerza.

Ahora mismo tengo los ojos muy verdes, le dejo elegir el verde a mi hermana, la mayor. Están verdes por ella, así que es lo más justo.

Sé que ella también se abrazará a la almohada esta noche. Y me gustaría regalarle toda la miel del mundo a ella, y que funcionara como un edulcorante de la realidad. Cómo me funciona a mí. Igual.

Hoy no me daré cuerda, días cómo hoy no son para darse cuerda. Me enciendo un cigarro y me recuerda a cuándo ardía la playa y yo buscaba el blanco absoluto. Pero no recuerdo. Hoy no.

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viernes 9 de mayo de 2008

63

Hay un desagüe gigante en la ciudad. Tan grande que puede llegar a tragarte a ti también. Imagínate…
A mi también, claro. Sobretodo los días de lluvia. Como hoy. Un viernes de lluvia.

Entonces el desagüe se traga todos los autobuses, las caricias premeditadas y las frases estúpidas que sólo entendemos ella y yo.

Deja, eso sí, inmensas barras de grafito. Grises. Para que dibujes tu propio día de lluvia.
La ventaja de no saber utilizar el grafito es que surgen mil grises improvisados. Mil maneras.

La cuestión es no saber utilizarlo con gracia. Para conseguir mil grises, mil maneras agradables de pasar un día de lluvia.
Como por ejemplo saltándote las clases para ver desde bien arriba, como llueve encima de esta ciudad. O encerrarte en el baño de la escuela y pintar la puerta. Pintar.
Y porqué no, sonreír un poco y abrazar sin paraguas. Mis paraguas mentales son amarillos, no sé porqué…

Por suerte, nunca he conseguido dominar el grafito.

Este fin de semana mi casa se va a llenar de sonrisas imposibles. Lo sé, lo sé porque vienen dos personas con los ojos muy negros. Y eso hace mucho.

Sigo dejando miel por los rincones de toda la ciudad. Como recompensa hay gente que de verdad me desea un buen día.


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miércoles 7 de mayo de 2008

62

*

Nos han aceptado el proyecto. Ese a ocho manos.

Espero que pueda decir estas palabras muchísimas más veces en mi vida. Hacen que sonría y pise el suelo con fuerza.

Aunque es bastante fácil sonreír últimamente, por los baños de sol quizás. Sonreír y reír, hasta que duela.

Me gusta como suena mi risa. Eso es importante, así ríes más. Más y mejor. Con la boca llena de naranja.

Ayer dimos una oportunidad a la panadera vacía. Ya no lo está. Supongo que ese día se sintió vacía, y sin querer el pan quedó como ella.

Me alegré. A nadie le debe gustar quedarse sin miga…

Hoy estoy un poco espesa, Anthony and the Johnsons se ha enredado en mi pelo. Y cuando eso pasa se me acaban las palabras y funciono con miradas.

* Punta seca sobre acetato.




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lunes 5 de mayo de 2008

61


El bus esta mañana era extrañamente pequeño. Supongo que en contraposición sus ojos se han engrandecido. Que forma de sonreír tan estúpida.

Suerte que hoy había sol por todas partes y la gente dormía aún el puente.

Dibujo a trompicones y mis ideas resultan útiles. Tenemos un proyecto entre manos. Y aunque nuestras manos tracen líneas diferentes todo queda homogéneo.

Es importante. Lo de que quede homogéneo digo. Porque demuestras que sabes adaptarte un poco. En la vida, en los trazos, lo que sea. Al final resulta siempre lo mismo.

Los colores los escojo yo. Les dije que no era buena idea, me he vuelto adicta a éste color.

Es un color para dormir en él. Y despertar, claro… despertar es lo más importante ahora mismo. Más que sus ojos, los traslados y el mejicano que se cepilla los dientes en nuestro baño.

Ha traído unas maletas enormes, el mejicano. No me acuerdo de cómo se llama… Se va en una semana. Se van a deshacer antes de tanto amor.

Éste sábado quería ir a Barcelona. Porque aunque no haya vivido nunca allí, echo de menos tocar con los pies esa ciudad. Además, allí Lucía y yo aprendimos a parecer seguras. Y eso es importante.

Quería, quería… aún quiero. Pero también quiero escuchar Cadillac solitario respirando verano. Aunque Loquillo no sonría ya.




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sábado 3 de mayo de 2008

60

Tengo los pies extrañamente fríos y los ojos rojos. Esta ciudad no me sienta bien cuando estoy sola. Hay ciudades que tienen eso, tengo que hacer demasiados esfuerzos para hacerlas mías.

He salido a comprar pan. No he ido a la panadería de siempre, las dos últimas veces que hemos ido allí el pan estaba vacío por dentro. Como la panadera. Alguien ha hurgado en su interior y se ha comido toda la miga. Claro, es lo más bueno…

Y ahora la panadera sin miga vende el pan vacío. O al revés, ahora no lo sé.

Es su venganza.- susurro- Y la chica de los balances sonríe mientras paga el pan sin miga a la panadera vacía.

También he ido al supermercado a comprar. Se me ha resbalado el corazón en la sección de los zumos. Lo he recogido y me he ido a la sección de bebidas alcohólicas. Bueno, no sé cómo se llama. Seguro que así no.

Es la sección marrón de los supermercados. Las demás son multicolores. Pero el alcohol es diferente, se puede permitir ser marrón.

He comprado una botella para bebérmela esta noche. Sola. Sería la primera vez que me emborracho sola.

No, no, quizás no lo haga…

No creo que lo haga porque me da demasiado miedo parecerme a alguien.

Quizás la guarde hasta mañana y nos la beberemos la chica de los balances y yo. O a lo mejor la tiro.

A veces me pasa, me vuelvo anti alcohol. Pero esa es otra historia. Una que me da dolor de cabeza. Y tardé años en poder contar.

Esta noche necesitaba abrazar a alguien, quien fuera. Me he conformado con la almohada.

Y me he acordado de lo cobarde que soy.

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jueves 1 de mayo de 2008

59


*

Hace un tiempo, antes de raparme incluso, alguien me regaló un duende. De la Patagonia. Ahora ya me ha crecido el pelo. Y al duende se le ha roto una pierna.

Quizás esa es la razón de todo.

Se le rompió antes de verano, justo la semana de selectividad. Yo la hice en Barcelona, en Bellas Artes. Allí decidí que no quería hacer la carrera, me gustaba demasiado el bar e hice todos los exámenes con cervezas de más.

Quizás esa fue la razón de la pierna rota.

Nunca había escrito tantas barbaridades en un examen. Aún así aprobé.

Y a partir de la pierna rota todo fue muy rápido, trabaja, ¿compro un dvd? Compra, compra…, Antònia Font y yo me voy del concierto, karaokes, tenemos piso, no os alquilo el piso, reuniones en gasolineras, él nos salva, tenemos piso.

Y entremedio, yo empaqueté mi habitación entera. A veces cuesta separar lo necesario de lo prescindible.

Prescindí de mi duende. Por la pierna supongo.

La chica de los balances no prescindió de nada. Ahora dice que quizás vuelve a empaquetar unas cuantas cosas, y las abandona.

Yo le dije que a veces te arrepientes. Cuando pueda rescato a mi duende. Con pierna rota.

Esta semana ha sido como un baile de drogas, de esas que no duelen, un tango. A oscuras, todo. Y todas las mañanas han sido de hablar con la boca seca. Me voy a clase…

Tokio sigue sonando igual de bien a ciertas horas, me salto el puente y me quedo en casa, con papeles de 400 gramos y demasiados trabajos.


Lloro al despertarme y leer esto. Suerte que hoy no he vomitado. Suerte...

"Pero aún puedo llorar: Estoy verdaderamente sola, En el lugar más frío y solitario del planeta. Cuando lloro, el hombre de hielo me besa la mejilla. Y mis lágrimas se convierten en hielo. Entonces, él toma en su mano mis lágrimas de hielo y se las pone sobre la lengua. "Oye, te quiero" me dice. Y no miente. Lo sé muy bien. El hombre de hielo me ama. Pero el viento que viene soplando de alguna parte se lleva atrás, muy atrás, hacia el pasado, sus palabras convertidas en blanco hielo. Yo lloro. Continúo derramando grandes lagrimones de hielo. En una casa de hielo del Polo Sur congelada en la distancia. "

Haruki Murakami, el hombre de hielo.


* La foto es de hará... 17 años. Somos las cuatro generaciones de mujeres de mi familia. Faltan algunas, somos diez mujeres. Todas siguen regalando abrazos. Yo soy el bebé que cuelga.


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domingo 27 de abril de 2008

58


Le he pedido a mi padre que me llevara en coche a la ciudad de la niebla. A veces es la única manera de estar con él más de una hora, solos, hablando.

Siempre hablamos de lo mismo, pero da igual.

Ayer estuve con mi prima, canta cada vez mejor. Modula su voz como si cantara jazz. Y si cierras los ojos la puedes ver acariciando un piano blanco, rodeada de azules. Ha dejado canto. Quizás vuelva a empezar en otra escuela, pero de momento ha dejado canto.

Ahora se concentra en superar su marca en salto de pértiga, en ganar campeonatos y en que mi abuelo la lleve al campo atlético cada viernes.

Me gusta más la idea del piano blanco.

Ayer lo estuve pensando, me quedan tan sólo cuatro semanas de clase… Tres clases de dibujo artístico y aún me pierdo en la modulación de la línea. Mis trazos aún no expresan lo que yo quiero y se pierden sobre el blanco.

También tengo que aprender a hacer coreografías con la acuarela. Pequeñitas, coreografías de domingo. Para que al bailarlas parezcan grandes. Yo ya me entiendo.

Lucía al final tuvo que trabajar y nos vimos muy poco. Trabaja en un bar de solos. Dónde cada cerveza esta guardada con diferentes gases y temperaturas. Y todos dicen que se parece a Najwa Nimri. Entonces ella sonríe y sus ojos negros brillan.

Sonó Ella Fitzgerald mientras fumaba el último cigarro antes de irme al cine.

Nos vemos pronto.

Cuando giro la calle siempre deseo que le vaya todo muy bien.

Hoy me he acordado de cuando Galicia ardió mientras yo aprendía a estar sola. Durante una semana todo fue de color sepia, por el humo, claro…

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jueves 24 de abril de 2008

57

Este sábado he quedado con Lucía, hace mucho que no nos vemos. Seguro que nos pasará lo de siempre; a ver quien consigue contar más cosas antes de irnos. Porque sin querer nos alargamos. Conversaciones barrocas, que diría alguien, naranjas.

No se muy bien cómo contar nada hoy. Bueno, ya hace días. Se me acumulan las palabras, los trazos y los colores. Todo se mezcla cómo un estúpido cóctel del cual no aprovecho nada, bueno, me emborracha. Pero eso no es conseguir nada.

Y escupo verticales mal hechas, deshago diagonales y me abrazo a las curvas.

Son las que menos duelen.

Sólo descodifico música.

Creo que es porque estoy empezando a ponerme las gafas, porque en tres años me las he puesto cinco veces. Y ha aparecido otra realidad. Más nítida, menos difusa.

De repente todos los colores cambian, y el blanco se vuelve más blanco, y aparecen verdes imposibles de dónde antes no había más que azul y amarillo. Mal mezclado.

Y me colapso porque aún nadie ha inventado la manera de hacer acrílicos imposibles. El verde de su abrigo. Imposible.

Entonces pienso que debería cubrir esta falta de colores pigmento con palabras. Conseguir que se aproximaran a los colores luz. Así, ¡shhhhhhhup! Soy incapaz de hacer tal cosa. Los colores cuestan, sí, sí y sí.

Entonces me limito a contemplarlos. En silencio, porque se me acumulan los adjetivos y me dejo los acentos. Y pienso que todo debe seguir así. Cuando algo deja de ser imposible pierde esencia.

El sábado no le voy a hablar de colores a Lucía, quiero olvidarme un poco de ellos. Abandonarlos. O que me abandonen. Lo segundo quizás.

Ojala alguien me contara cuentos por la noche. Aunque fueran en blanco y negro. Da igual.

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lunes 21 de abril de 2008

56

A veces pasa que la chica de los balances tiene pesadillas. Cuando no esta su chico para calmarla llama a mi puerta ¿Puedes dormir conmigo? Y entonces yo cojo el despertador y me voy a su cama.

Puede parecer extraño, extraño que yo le de seguridad. Ese tipo de seguridad, claro, de la que si estoy contigo no me pasa nada malo. La de si noto tu piel no voy a caer hacía el negro puro, la de siempre voy a comer los mejores macarrones del mundo si cortas la cebolla. Esa.

Quizás es la primera persona que se siente protegida a mi lado. La primera del mundo, ¡eh! Eso es mucho.

Girona me ha gustado mucho. Allí tienen un color que no había visto nunca. Un color que huele a lluvia. ¡Que útil sería tener un tubo de acuarela de ese color! Ya me lo imagino…

También metí los pies en el mar. ¡Que fría! Cuándo llegué a casa, a mi casa*, me saqué las botas y se hizo una playa en el comedor de casa. Con mucha arena, para salir a pasear ya muy de madrugada, y con conchas, para encontrarlas todas. Y que sea imposible.

Lo imposible nos gusta demasiado.

Recibí también una gran dosis de abrazos. Gracias. De esos que duran taaaaaaaanto dentro de la cabeza. Y mi abuela, cada vez que nos cruzábamos en el pasillo me abrazaba y respiraba hondo, muy hondo. Te robo un poquito de ti para que me dure. Ella cree en estas cosas, en los abrazos, digo.

Comí con mi padre, por fin, hacía un mes que no le veía. Aunque salí de casa pensando que a veces es mejor no hablar.

Y,y,y… quiero contar demasiadas cosas… Hoy me he emborrachado a las doce del mediodía. Y he contado mi vida en un minuto. Que corto puede ser todo a veces. Bla, bla. Ya está.



* Mi casa ya no es mi casa (la de siempre) ahora sólo me siento en casa en la ciudad de la niebla. Allí sí, claro.

Publicado por Clémentine en 18:18 | 3 comentarios  
jueves 17 de abril de 2008

55

Mañana correré a coger el bus. Pagaré el billete con las manos sucias de carboncillo, porque los viernes siempre acaban igual, pobres… 10,15 €. Buen viaje.

Quizás, antes de irme, invitaré a la chica de los balances a comer. Para celebrar algo. Siempre hay cosas qué celebrar.

Y cuando después de dos horas, llegue a mi ciudad, ¡ñam! Me comeré a todo el mundo a besos. Allí no hay que pedir los abrazos, que suerte… Ojala siempre fuera igual.

Este fin de semana me voy a Girona, creo que nunca he estado, y si he estado, no me acuerdo. Uhmmm no, no, no he estado.

Me han dicho que allí los colores son tan bonitos que no caben en las cámaras de fotografiar. ¡Pluf! Se quedan pequeñas y no hay manera de plasmar lo que el ojo realmente ve. Normal, normal que pasen esas cosas. Los colores cuestan.

Quiero contar demasiadas cosas y no me da tiempo, debería hacer un cursillo para contar cosas en menos de diez minutos. Señorita, ¿cómo cuento lo difícil que es parecer segura de una misma cuando se presenta un trabajo pésimo? Igual de pésima que sería enviando un telegrama. Depende del día, claro…

Hoy he comido pescado. STOP. Que rico estaba. STOP. También he encontrado la tipografía perfecta. STOP. Ya no hay niebla en la ciudad. STOP.

Hoy he leído una entrevista que le hicieron a Dalí, que tipo tan arrogante. “Lo más divino son los anos gemelos […] uno posee treinta y seis pliegues y el otro veintiséis” Y ahí no suena arrogante, pero sorprende.

Se acabó mi tiempo. Y he acabado hablando de anos, gracias Dalí.

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martes 15 de abril de 2008

54

Ayer se coló un gato en casa mientras la chica de los balances y yo hacíamos ver que no teníamos responsabilidades. Miau. ¡Que gato tan feo!

Después de llamar puerta por puerta encontramos a su dueña. - Nos ha entrado un gato negro en casa, ¿es tuyo?- ¿Un gato de angora rapado? Sí, es mío.

Hay quien no tiene buen gusto ni para tener gatos. A veces pasan, estas cosas.

A parte del incidente del gato, fue un buen día. Supongo que en parte es porque sonó Darrera una revista de Antònia Font mientras perdía el autobús y eso siempre significa algo.

Significa 2769.

Y hoy sólo me entendía yo. ¿2769? ¡Joder! Me encantan las tipas que dicen joder cuando realmente es necesario. Joder. Eso fue lo último que dije ayer antes de dormirme.

Hoy alguien me ha pedido un abrazo. Yo también debería saber hacer eso. Y sí, a veces hay que pedirlos.

Publicado por Clémentine en 22:00 | 8 comentarios  
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